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The Morning Show: Apple TV+ empieza apostando por el drama

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Jennifer Aniston y Reese Witherspoon fueron dos de las caras visibles durante la presentación al mundo de Apple TV+. Evento que tuvo lugar el pasado 25 de marzo en el Steve Jobs Theatre de Cupertino.

 

Las chicas, dos de las figuras mediáticas más poderosas de Estados Unidos, ya trabajaron juntas en unos pocos capítulos de Friends, la exitosa serie televisiva de los 90. Ahora vuelven a reunirse en The Morning Show, proyecto que parte como la primera gran apuesta del servicio de video streaming de la casa de la manzana mordida.

Si bien es apenas un avance, por lo que se ve hay material para considerar a Aniston, Witherspoon y a otros miembros del elenco como Billy Crudup o Steve Carell, entre los nominados a premios como el Globo de Oro o el Emmy.

Todavía no hay fecha de estreno (se espera que sea en algún punto del otoño boreal). Tampoco información precisa de cuánto costará el servicio con el que Apple pretende acabar con el reinado de Netflix e impedir al mismo tiempo que Disney construya un nuevo imperio.


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Covid 19: ¿La estocada final de Netflix contra las salas de cine?

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Imagen de Alfred Derks en Pixabay

Los debates en torno al fin de las salas de cine, tal y como las conocemos hasta ahora, no son cosa nueva. Desde finales de siglo XX es tema de conversación frecuente. Con la llegada del DVD primero, luego de tecnologías como Blu Ray y sistemas tipo Home Theater, la posibilidad de ver una ‘peli’ en casa empezó a competir con mayor seriedad con el ‘ritual’ de disfrutar del Séptimo Arte en complejos con pantallas gigantes y sonido envolvente.

 

Pero la llegada de Netflix supuso un nuevo punto de inflección en las experiencias de usuario que viven los cinéfilos. Si bien en un primer momento se antojaba como un rival directo a los modelos de televisión tradicional, son muchos los que ven más probable que estos sufran a la larga menos cambios, en comparación la exhibición de películas de manera tradicional. 

 

Además, al menos hasta ahora, los ‘históricos’ dentro del sector (de la TV) han visto en el streaming una nueva y poderosa ventana para llegar a nuevas audiencias. Y las empresas que no apuestan directamente por lanzar sus propias plataformas en línea, no tienen demasiados inconvenientes en asociarse con los nuevos jugadores que forman parte del mercado. Uno de los ejemplos más llamativos es la serie Hernán, producción ‘a dos bandas’ entre Amazon Prime y TV Azteca. 

 

¿El nuevo cine?

 

Un repaso a la historia de Netflix no viene a cuento. Ya es bastante conocido el episodio de como Blockbuster rechazó la propuesta de la para entonces incipiente compañía de distribución de contenidos, para desarrollar un modelo de negocio de alquiler de DVD´s de manera virtual. (Seguramente alguien hará un filme de esto algún día y ya sabemos por cuál plataforma se exhibirá).

 

Sin embargo, sí debemos marcar como determinante el año 2011. Momento en que la empresa decidió pasar de ser solamente distribuidores, a empezar a producir contenidos originales. Para ello reclutaron a dos pesos pesados de Hollywood: David Fincher y Kevin Spacey. Fue así como en 2013 se estrenó House of Card.

netflix house of cards

Wikimedia Commons

Además de series (en un formato cada vez más ‘laxo’, en comparación con la rigidez de tiempos que imponen las transmisiones de TV), también empezaron a producir películas. El 16 de octubre de 2015 se estrenó Beasts of no nation, de Cary Joji Fukunaga. Cinta en cuya producción no participó Netflix, aunque fue la primera cuyo estreno al mundo tuvo lugar en la plataforma después que compraran los derechos de distribución.

 

En diciembre de ese mismo año se lanzaría la primera ‘producción cinematográfica’ de la ahora también productora: The Ridiculous 6, de Frank Coraci. Una parodia (con muy mala crítica) de los célebres spaghetti western, con Adam Sandler de protagonista.

 

La vida después de Roma

 

Roma supuso el verdadero punto de inflexión en la batalla ya declarada entre Netflix y las salas de cine. Una disputa que en mayor o menor medida también incluye a las ‘majors’ hollywoodenses. 

 

La celebrada cinta de Alfonso Cuarón fue una completa declaración de principios, en todos los sentidos. Sobre todo en el comercial. Para cumplir con las exigencias de los premios importantes del cine, (el Oscar en primer lugar, aunque por un interés más de marketing que artístico), la cinta se estrenó primero en algunas salas de cine.

 

Pero después de las 10 nominaciones que recibió para la nonagésima primera entrega de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos (finalmente ganaría en tres categorías: Mejor Película Extranjera, Mejor Fotografía y Mejor Director), Steven Spielberg empezó su cruzada contra ‘este cine’. El argumento del director de clásicos como Tiburón o Encuentro cercano del tercer tipo, es que se trata de “películas para televisión”. Por lo que deberían competir en los Emmy.

 

En el fondo, lo que parece preocupar al célebre realizador es que el público abandone definitivamente las salas de cine. Porque para ver las ‘mejores películas del año’ solo haría falta suscribirse a Netflix. Lo que un año más tarde quedó demostrado, después de que el rey del streaming amazara 24 nominaciones, incluyendo dos en la categoría de Mejor Película (El Irlandés de Martin Scorsese e Historia de un matrimonio de Noah Baumbach).

 

Netflix contra las salas de cine: La experiencia de usuario

 

Más allá de la ‘calidad’ de las producciones de Netflix, el verdadero debate está en las experiencia de los usuarios. Ir a una sala de cine es un ritual social. De hecho, las empresas exhibidoras entendieron esto hace varios años y el antiguo modelo de negocios de solo proyectar filmes varió a algo mucho más complejo. 

 

El salir a ver una película incluye las palomitas, el café y hasta las cervezas. También los souvenirs, el almuerzo o la cena. Además de los respectivos selfies y la interacción en las redes sociales. Dependiendo del tipo de público, las salas pueden ser 4DX, Juniors, VIP y varias categorías más.

Esta experiencia que los complejos de cine ofrecen a los usuarios no parecía tener competencia. Hasta ahora. Sin embargo, los resultados en taquilla de algunas producciones como Aves de presa de Cathy Yan o El ascenso de Skywalker de J. J. Abrams, pusieron a muchos a dudar. Más allá de la falta de interés por el público, hay una frase que ya se empieza a repetir: “espero a que la pongan en Netflix”.

 

El actor Anthony Mackie ya lo ilustró en 2017, cuando dijo que prefería invertir solo ocho dólares y quedarse en casa viendo Los Vengadores con sus hijos, antes de gastar 150 USD por hacer lo mismo en una sala de cine. Parte de su argumento lo completaba diciendo que en casa tiene del mejor sistema de audio y video, una máquina de palomitas y hasta un dispensador de “you know what I mean…”

 

Y llegó el Coronavirus

 

La crisis provocada por el Covid 19 tomó a todos por sorpresa. En este punto, nadie sabe cómo será el mundo para cuando termine el próximo verano. La industria cinematográfica ‘tradicional’ ya resiente esta incertidumbre. Prácticamente la totalidad de los grandes estrenos de abril, mayo y junio han sido reprogramados.

 

Pero mientras el público no puede ir al cine, las plataformas de Streaming se convierten en la tabla de salvación de una audiencia a la que por todos los medios se le pide que no salga de casa. 

 

Si la crisis se extiende demasiado, eventualmente Netflix también tendrá que reprogramar algunos estrenos. Pero por el momento, las películas fijadas para los días por venir no sufrirán ningún cambio.

La pregunta es: después del coronavirus, ¿la gente todavía querrá ir al cine? Además de que también habrá que ver si todas las redes de salas y exhibidores sobreviven a la coyuntura. Todavía es muy pronto para saberlo. El tiempo lo dirá.

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He-Man llega a Netflix

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Imagen de Christian Dorn en Pixabay

Los lunes suelen ser días cargados de información política e indicadores macroeconómicos. Pero vamos a hacer una excepción. Y es que The Hollywood Reporter confirmó que He-Man está de vuelta. Aterrizará en Netflix en formato de serie animada y será una producción de Kevin Smith.

 

Para quienes nacimos en los 80 representa casi que un sueño hecho realidad. Después de un seriado de dibujos animados producido entre 1983 y 1985, junto con un film estrenado en 1987 que no le hizo honor al personaje, el príncipe Adams cayó en una especie de letargo del que parecía que más nunca iba a salir.

 

Pero en 2012 DC Comics lo trajo de vuelta a las primeras planas con Masters of the Universe, una serie de cómics limitada a solo seis entregas. En 2016 apareció en un crossover junto con Thundercats, en donde fue asesinado por Mumm-Ra y posteriormente revivido gracias a León-O.

 

Se espera que la serie de Netflix presente un tono mucho más oscuro que la original. Cosa que no debería sorprender mucho, toda vez que Smith, quien ejercerá de showrunner, es fan confeso de filmes como Batman de Tim Burton, si bien su filmografía está repleta de comedias insulsas.

 

Y para confirmar que He-Man está de moda, actualmente se encuentra en fase de preproducción un nuevo filme de Masters of the Universe que contará con Noah Centineo como protagonista y será dirigida por The Nee Brothers.

¡Por el poder de Grayskull!

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El nuevo cine de acción: de John Wick a Rápidos y Furiosos

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Junto con el terror (y los últimos 10 años con las cintas del UCM), el cine de acción es uno de los más rentables. No solo Hollywood, en China se producen muchos filmes de este estilo (patadas y puñetazos de por medio), con asombrosos rendimientos en la taquilla.

 

Si bien desde finales de los 60 y en los 70 este subgénero cinematográfico empezó a afianzarse, fue en los 80 cuando se convirtió en una ‘marca comercial’. Durante esta década nombres como Sylvester Stallone, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Jean Claude Van Damme, Kurt Russell o Steven Seagal acapararon las marquesinas de las salas de proyección.

 

Con Rambo (Ted Kotcheff, 1982), la primera entrega de la interminable saga protagonizada por Stallone sobre el atormentado veterano de la Guerra de Vietnam, se desataría oficialmente la fiebre. Antes, en 1979, George Miller había filmado en Australia la célebre Mad Max, protagonizada por Mel Gibson.

Wikipedia

¿Y qué decir de James Bond? Aunque desde siempre las cintas del agente 007 pudiesen incluirse dentro de este tipo de cine, su nombre figura solo dentro de las películas de espías. Con todo y que las últimas entregas dirigidas por Sam Mendes y protagonizadas por Daniel Craig son acción en estado puro.

 

Lo cierto es que cada filme, con sus propias particularidades, mantiene más o menos los mismos códigos. Un héroe inquebrantable (ahora también tienen cabida los ‘antihéroes’, gente que se ha portado mal, pero que cuando deben hacer el bien por salvar al mundo, lo hacen sin inconvenientes). No puede faltar el súper despiadado villano (o la respectiva variante: alguien que era bueno pero que fue traicionado por el ‘sistema’). Casi siempre hay alguna damisela en apuros y un ayudante medio bufón para hacer reír al público de vez en cuando.


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Desde los 90 los efectos especiales empezaron a robarse todo el protagonismo. Fueron los años de Terminator 2: Judgment Day (James Cameron, 1991), True Lies (James Cameron, 1994) o Matrix (Hermanas Wachowski, 1999). Si bien seguía filmándose cine de acción con presupuestos modestos, Hollywood empezó a invertir cada vez más dinero en estas producciones.

 

El más rápido y el más furioso

 

La primera entrega de esta incombustible saga (a ninguna otra le queda calza mejor este adjetivo) se estrenó en 2001. Dirigida por Rob Cohen y con Vin Diesel y Paul Walker al frente del reparto. The Fast and The Furious fue un notable éxito de taquilla, aunque para ese momento estaba lejos de convertirse en el fenómeno de masas que es hoy en día.

Flickr

La verdadera locura no empezaría hasta 2009, cuando se estrenó Fast & Furious, de Justin Lin, ya la cuarta entrega. Si bien 2 fast, 2 furious  (John Singleton, 2003) y The Fast and The Furious: Tokyo Drift  (Justin Lin, 2006) no fueron fracasos, pasaron con más pena que gloria entre el público.

 

Desde entonces, ni siquiera en las accidentadas entregas de Transformers dirigidas por Michael Bay (uno de los realizadores más respetados dentro del cine de acción), los coches han tenido tanto protagonismo dentro de una película. Los autos desafían todas las leyes de la física, de la aerodinámica y la mecánica. Literalmente vuelan y hacen saltos imposibles (incluso desde un avión). Lo importante es que el público acepta todo esto de la forma más natural. No importa que las acrobacias automovilísticas (y alguna que otra a puño limpio) sean más increíbles que las de Los Vengadores.

 

Después de ocho películas ‘oficiales’, el universo se ha ampliado con un reciente spin off: Hobbs & Show. A pesar del nuevo éxito de taquilla, la cinta dirigida por David Leitch luce más como una historia de espías muy al estilo de las últimas entregas de Misión Imposible que como una historia de Rápido y Furioso

Las persecuciones a toda velocidad apenas tienen protagonismo y por mucho que Jason Statham se esfuerce, su compañero de reparto, Dwayne Johnson, está muy lejos de ser un actor creíble para que como lo hace Tom Cruise, pueda soportar el peso de una historia. Ni siquiera Idris Elba haciendo de malo causa alguna emoción. Más que un tipo malo, es un niño grande que se la pasa de berrinche en berrinche.

 

No te metas con Keanu Reeves

 

Pero si Dominic Toretto o los agentes Luke Hobbs y Deckard Shaw hacen cosas increíbles, lo de John Wick raya en el ridículo. Y es precisamente esta característica lo que ha convertido al personaje interpretado por Keanu Reeves en el nuevo icono del cine de acción.

 

En la trilogía dirigida por Chad Stahelski las leyes naturales no cuentan. Un solo hombre (eventualmente cuenta con ayuda) es capaz de acabar con ejércitos que además de superarlo ampliamente en número, también cuentan con mejores armas.

 

Wick es atropellado, recibe múltiples disparos (algunos a quema ropa) o se cae de un edificio de ocho pisos (después que le dispararon) y sobrevive. Además, es capaz de acabar con un ‘colega’ tan letal como él, utilizando solo un lápiz.

Debemos admitirlo. (Casi) todos amamos a John Wick. Sin importa lo inverosímil que pueda resultar o lo ridículo del catalizador que dio pie a todo el argumento. El público acepta todo sin protestar.

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